Femenino, universal

Llegó María Salgado como suele hacerlo. Sin hacer ruido, con humildad y sin levantar ninguna sospecha. A partir de ahí, todo fue dicha y se tornó una velada de hermosas convocando canciones de su último trabajo 'Abrecaminos', del que expuso la práctica totalidad de sus temas.

Desde su Zamora natal y con su fervor reverencial hacia los grandes del folclore regional como Agapito Marazuela o Joaquín Díaz, Salgado trazó una velada en la que reinterpretó corridos castellanos y canciones tradicionales (con predominio de flauta, pandereta y guitarra), pero también boleros y cha-cha-cha -como el Tiempo, de Dulce María Loinaz- en los que el bajo y la percusión se imponían con cordura y en buen ensamblaje.

El acompañamiento musical fue el adecuado, con unos retoques de flauta y acordeón que realzaban la melodía tradicional. En su concierto incluyó una pieza como 'El baño de la novia', tema sefardí que aborda esos quehaceres cotidianos de la vida en los pueblos judeo-españoles y otras populares como 'El mandil de Carolina', 'Sal a bailar, mocita'; sin olvidar miradas con cariño a la canción popular gallega ('A lavandeira') y vistazos al continente hermano americano.
Pertenece María Salgado a esa generación de mujeres que, junto a otros grandes nombres como María del Mar Bonet (ésta quizá en una vertiente más mediterránea y propia) que se ocupa y preocupa de investigar, cuidar y moldear una trayectoria en la que las raíces musicales encuentan un feliz acomodo en trabajos instrumentales más complejos.

Se fue con una pieza a capella espléndida y tras la subida al escenario del músico (ya segoviano) Gaspar Payá, que decoró un par de boleros a la guitarra en una colaboración ágil y delicada.

La segunda parte de la velada tuvo como protagonistas al trío de Madagascar Tiharea. Tres voces femeninas, dotadas de timbres y tonos dispares, pero con un efecto polifónico realmente sorprendente. La afinación vocal, la compenetración de las tres mujeres y su escenificación bien merece la pena para cubrir una formidable media hora de espectáculo, aunque más allá de este tiempo, quizá se haga algo monótono su escucha.

Bajo el cobijo casi exclusivo de la percusión, explota el trío todas las posibilidades vocales y guturales, representando canciones que recuerdan ritos, faenas, trabajos y procesos de la vida de aquel país africano. La indumentaria acompaña con un mosaico de colores.

El Norte de Castilla, 02/07/2006

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